terça-feira, 14 de outubro de 2008

SÍNODO SOBRE A PALAVRA DE DEUS 2008






Resumen de la intervención en el pasado 11 de octubre de Mons. Anthony Sablan Apuron, O.F.M. Cap., Arzobispo de Agaña, Presidente de la Conferencia Episcopal (Guam), en el Sínodo de los obispos sobre la Palabra de Dios:


Las buenas homilías que hablan a la experiencia del hombre de hoy pueden empujar a las personas a la conversión. Pero lo que se necesita hoy es, además de las buenas homilías, los testimonios de vida válidos de la Palabra de Dios vivida.

En mi experiencia con el Camino neocatecumenal. - como, estoy seguro, sucede en otras realidades eclesiales también a través de la Lectio Divina, los siete pasos para compartir del Evangelio o los grupos de comunión en la fe -encontramos la oportunidad cotidiana de "escrutar" la Palabra de Dios, de reflexionar sobre los pasajes de la Sagrada Escritura, especialmente sobre las lecturas litúrgicas de la Misa, para ver cómo la Palabra de Dios nos afecta en la vida así como es vivida hoy.¡ Sería hermoso si todos los obispos, sacerdotes, religiosos y laicos lo hicieran!

Si la Palabra de Dios debe estar viva en nuestra vida y en nuestra misión como Iglesia, nosotros, como obispos y sacerdotes, guías, religiosos y laicos comprometidos, debemos dar ejemplo a los demás y ponernos cada día al servicio de la Palabra de Dios; debemos no solamente decir, sino también mostrar y no considerarnos por encima de las personas comunes porque hemos recibido una formación o estamos ordenados o hemos profesado. Si nosotros, como Iglesia en su conjunto, queremos ser testigos creíbles de Cristo en el mundo actual, el mundo y especialmente los pobres y los marginados deben vernos como humildes servidores, como personas que saben escuchar y como guías generosos, como Jesús de Nazaret, de quien nos proclamamos sus seguidores, discípulos y apóstoles.¡Elevo mi oración para que este Sínodo nos ayude a todos a comprender la importancia que la Palabra de Dios tiene en nuestra vida, no solamente como texto sagrado, sino como la Palabra conclusiva del amor de Dios por los hombres, encarnado en su Hijo Jesucristo!.


Que María, Madre del Señor y Madre nuestra, nos muestre con el ejemplo de su vida cómo podemos dar a conocer a los demás que nosotros somos los primeros en vivir la Palabra de Dios y que animamos a los demás a que hagan también lo mismo, en el nombre de Cristo.


(Caminayven)

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