domingo, 12 de abril de 2015

Domingo de la Misericordia Divina


II Domingo de Pascua




APÓSTOLES 4, 32-35
SALMO 117
PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN JUAN 5, 1-6JUAN 5, 1-6



Celebramos hoy el . Así lo estableció San Juan Pablo II: que el segundo domingo de Pascua fuera el Domingo de la Misericordia Divina. La intuición teológica que hay detrás, es que es preciso dar más protagonismo, más presencia, a la misericordia de Dios. ¡Gran intuición!

También el Papa Francisco ha decretado que el año 2016 sea el año santo de la misericordia. Nos decía el Papa, el 23 de marzo: “He decidido convocar un jubileo extraordinario que coloque en el centro la misericordia de Dios. Será un Año Santo de la Misericordia.” Este “año” irá del 8 de diciembre del 2015 al 20 de noviembre del 2016.

La misericordia es el camino de la Iglesia, es el camino de la evangelización, es el camino para transformar el mundo, y, por tanto, nuestro camino. El lenguaje más universal; que entronca más con qué es el hombre, que más llega a todos, que todos pueden entender, es el lenguaje del amor, de la misericordia. Llamados personalmente y con Iglesia a ser testimonios de la misericordia de Dios.

Pero, sólo podemos ser testimonios de la misericordia de Dios, si la hemos vivido, saboreada, experimentada, ejercida, implorada,... ¿Cómo vamos de misericordia?

Es esta una fiesta muy pascual, porque esta fiesta nos recuerda que la misericordia lo puede todo. Que nuestro pecado no es nada ante la misericordia de Dios. Que el mal del mundo no es nada ante la misericordia de Dios. Esta fiesta nos apunta hacia la victoria pascual de Cristo. La Pascua nos dice que ha triunfado el amor, que el mal ha sido derrotado por el amor.

Nos parece que Santa Faustina decía aquello de: “Que todos los pecados de la humanidad no son más que una gota dentro del océano del amor de Dios”.

La escena que contemplamos en el evangelio de hoy, nos permite muy bien vincular la resurrección del Señor con la fiesta de hoy: Jesús, primero, muestra las llagas y el costado y, después, les da el gran don del perdón, el gran regalo del perdón. “A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados”. Las llagas de Cristo son la fuente de donde mana la misericordia del perdón. ¡Qué bonito!

Ya que tenemos el cuadro de la Divina Misericordia, explicarlo un poco. Según los diarios de Santa Faustina, Jesús le dice que lo pinte, y le explica cómo ha de ser, y ella lo comunica a un pintor, que lo pinta.

. Jesús está en el centro del cuadro, esto apunta a la centralidad que ha de tener en nuestra vida.
. El fondo es oscuro. Jesús rompe la oscuridad. La oscuridad de la muerte, del pecado, es vencida por Cristo. Él es la luz, por tu vida, por mi vida.
. Está vivo, con los ojos abiertos, porque Él está vivo, ha resucitado.
. Te está mirando... Dice Santa Teresa de Jesús: “Mira como Él te mira”. “Mira como Él te mira”. Dejémonos mirar por Él. Así definía la oración.
. Jesús tiene un pie avanzado, señal de que se aproxima a nosotros. Lo hizo con la encarnación y continúa acercándose a nosotros cada día. Desea una relación personal con nosotros.
. Tiene la mano izquierda sobre su corazón, indicando que nosotros, tú y yo, estemos en su corazón.
. Dos rayos le salen del corazón: el rayo más claro, simboliza el agua (bautismo) y el rayo rojo, simboliza la sangre (eucaristía). Esto tiene un fundamento evangélico, cuando traspasan el costado de Jesús con la lanza, salieron sangre y agua.
. Nos hemos de sumergir en el rayo de agua purificador, un rayo que lo limpia todo, sumergirnos en este rayo. Él nos purifica.
. Mira el rayo rojo, su sangre te salva, a ti, a tus familiares, Él salva tu historia.
. Tiene la mano derecha levantada en actitud de bendición y absolución. Es una invitación recibir su misericordia. ¡¡Dios bendice!! Dios hace bajar del cielo sus bendiciones, y esto es una cosa real. De Dios a nosotros. No es una fuerza interior nuestra, no es una cosa que llevamos dentro y la hacemos activar. Es algo que nos viene de fuera, de Dios, y entra en nosotros.
. El texto que Jesús le dijo a Santa Faustina que tenía que poner, era éste: “Jesús en ti confío”. Nos hace mucho bien repetirlo: “Jesús en ti confío”. Como todo, en el cristianismo, denota una actitud dinámica, no estática. A Jesús le gusta sentir que le digamos: “Jesús en ti confío”. Y Él responde con sus bendiciones, al tener nuestros corazones abiertos.

Fijaros que todos los elementos apuntan a su misericordia. “Felices los que creerán”. “Felices los que creerán en su misericordia”.

Sat, 11 Apr 2015 23:31:00

CAMINEO.INFO.-


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