terça-feira, 26 de maio de 2009

¿A QUIÉN ORAMOS?



III: La mal llamada intercesión

(conclusão)

Jairo del Agua

"Pretender “transformar” o “conmover” a Dios para que nos sea favorable es un tremendo error y una infantil idolatría. Somos nosotros los que debemos transformarnos en “su imagen y semejanza” y conmovernos ante el bien que evitamos y el mal que promovemos o no frenamos. El éxito de la oración se recoge en esta sencilla ecuación: oración = transformación. Cuando decididamente busco que el bien me inunde, estoy creciendo yo y llamando al corazón del otro. Si abre, mi oración será eficaz también para él. Cuando la oración hace crecer el bien en mí, redunda en el retroceso del mal en el otro. Cuando ambos nos sumergimos en el Bien, la oración nos convierte en racimo que madura al Sol. Es la "comunión de los santos", "vencer el mal con abundancia de bien" (Rom 12,21).

La oración por otro no es un triangulo: yo suplico al Cielo para que ayude al otro. Más bien es una conexión horizontal entre yo y el otro. Se parece a ese infantil juego del agua en el que cargamos nuestros globos o juguetes en el mar y nos empapamos con algazara. El frescor y la caricia del agua nos empuja a sumergimos con alegría en el inmenso Mar cercano, siempre abierto y disponible.

De alguna forma, los que leéis estas mis "cuentas de conciencia" sois mi racimo. El Sol lo tenemos asegurado. Falta que nosotros nos dejemos transformar en alimento dulce, nutritivo, embriagador, y nos lo transfiramos. La oración -toda clase de oración- o es transformante o no es nada. Por eso es esencial preguntarse: ¿A quién estoy orando? ¿Con quién conecto? ¿Con el lejano “ídolo cicatero” al que pretendo arrancar algún favor? ¿O con el Dios Torrente cuyo amor gratuito se está volcando permanentemente sobre mí?

Insistiré una vez más: Nuestro Dios no necesita mediadores, ni influencias, ni expiaciones, ni holocaustos, ni sacrificios. Somos nosotros los que necesitamos despertar de nuestra inconsciencia, de nuestro aletargado sueño, de nuestro complejo de esclavos. Nuestro Dios es un Torrente, una Catarata infinita, la Atmósfera que nos da vida. Vivimos por Él, con Él y en Él, llamados por nuestro nombre, deseados, esperados, amados y abrazados... Nuestra tragedia es que no lo creemos, que huimos, que vivimos escondidos como miserables cuando somos herederos enormemente ricos. Es realmente una tragedia, una enorme tragedia de la que podemos y debemos despertar.

Termino mis reflexiones sobre la “oración de petición”. Dios dirá si he de continuar. Mientras tanto, mi oración -hecha amor que desea apasionadamente el bien de cada uno- os acompañará siempre."

(comineo.info)

1 comentário:

dtedac disse...

Ola Lucia:

Escribo en español como Jairo.

He leído toda la série de artículos por Jairo del Agua y tengo estas impresiones:

Creo que su modo de ver a Dios está bien expresado. Dios es tanto más de lo que podemos imaginar. Y la voluntad de Dios es dar y hacer bien a todos nosotros, sin necesidad de ninguna plegaria nuestra.

La única pregunta que tengo, y he tenido desde el principio de la serie, es ésta: La opinión de Jairo es que la oración de intercesión no es necesario. ¿Ésta idea está bien para los creyentes católicos? Para mí, la Misa, el Rosario y otras oraciónes son tan envueltas con la idea de la oración de intercesión que no podemos negar que es parte íntegra de la fé católica. Tambien hay que acordarse de las palabras de San Pablo, quien dijo que Jesus es el mediador (intercesór) entre Dios y hombre.

Yo creo que la moderación es todo en la aplicación de éstas practicas religiosas. Excesos sí causan problemas. En este caso, yo diría que no debemos ni eliminar la oración de intercesión ni debemos creer que estamos convenciendo a Dios a desviar su voluntad por medio de nuestras peticiones.

¿Qué crees?

Abrazos,
David Costa